

Desde muy joven me he considerado curtido en películas de horror, de hecho me he divertido presenciando películas acompañado de chicas que no podían soportarlas, ya sea porque les resultaba torturante la sinuosa tensión emocional a la que las sometía la experiencia, o porque se sentían descompuestas por la violencia, sangre y vísceras mostradas en pantalla, sin embargo para mi siempre ha sido un placer adicional a la película poder deleitar mis oídos con los genuinos y excitantes alaridos de sorpresa de mis acompañantes, donde algunas de ellas no tendrían nada que envidiarle a las mas reputadas Scream Queens del genero, mejor aún cuando ellas se asombraban de lo impávido de mi semblante en el cual solo resaltaba un ligero rictus de satisfacción y complacencia en mis labios.

Pero hablemos de la estupenda película El Incubo: un brutal crimen estremece al pequeño y pacífico pueblito de Galem (Salem?), donde una joven pareja que tonteaba cortejándose sexualmente en un retirado balneario del pueblo, es asaltada por un depredador sexual que asesina al chico destrozándole el cráneo con un tablón y dejando a la chica al borde de la muerte tras una salvaje violación.

El caso queda abierto y los días prosiguen tensos hasta que una nueva víctima aparece, una joven bibliotecaria es salvajemente violada de la misma manera, solo que esta vez la desafortunada (o afortunada) victima no logra sobrevivir, sin embargo en esta ocasión el médico encuentra en el interior de la vagina de la mujer una cantidad de semen equivalente a la eyaculación de 15 hombres, así como algunas marcas de garras en el cuerpo, lo cual hace que afiebradas teorías empiecen a aflorar en la mente del suspicaz galeno, sin embargo para la policía es claro que los crímenes son obra de una pandilla juvenil que somete a sus jóvenes y bellas victimas a salvajes violaciones múltiples en un sanguinario y mortal Gang Bang.

El cuarto crimen no se hace esperar, de hecho debo decir que es el que quedó grabado con fuego en mi mente adolescente cuando pude apreciar por primera vez la película allá a finales de los 80s, pues sucede durante un espectáculo de opera Heavy Metal protagonizado por un joven Bruce Dickinson, en el cual una hermosa joven es bestialmente atacada cuando acude al baño en medio de la función; el salvajismo y descomunal fuerza física con la cual el criminal destroza la puerta del cubículo del baño, así como los desgarradores gritos y el crispado rostro contraído por el dolor de la mujer durante la violación son algo realmente sobrecogedor e impactante.

Paralelamente a estos sucesos somos testigos de los avatares de otros personajes claves en la historia, por ejemplo el médico, quien es foráneo en el pueblo y vive con su bella hija adolescente en una relación con atisbos de incesto, es muy sugerente la escena donde el galeno llega tarde a casa y se queda fascinado contemplando el bello cuerpo de su hija a quien sorprende con la puerta abierta secándose desnuda luego de una refrescante ducha, indudablemente esta es materia de lo que se alimentan los mas conspicuos demonios.

Están los sueños del atormentado muchacho relacionados con los crímenes?, cuales son los oscuros secretos y deleznable pasado que oculta el pueblo de Galem?, sería un crimen revelar el final de la película, pero puedo asegurarles que el espectacular y chocante climax los dejará con la boca abierta.


El Beato Isidoro, en el último capítulo de su octavo libro, dice: los sátiros son aquellos que se denominan Pan en griego e íncubos en latín. Y se los denomina íncubos por su práctica de superposición, es decir, de orgía. Pues a menudo ansían rijosamente a las mujeres, y copulan con ellas; y los galos los llaman dusios, porque ser diligentes en esa animalidad. Pero el demonio que la gente común llama íncubo, es denominado fauno de los higos por los romanos; a lo cual Horacio dijo: "Oh, fauno, amor de las ninfas que huyen, que recorre con dulzura, mis tierras y mis sonrientes campos".

Increíblemente en nuestro país, en la Lima del siglo XVII para ser mas precisos, esta documentado un increíble suceso que relata el denodado combate que las piadosas monjas de un convento limeño libraron contra un incubo, episodio en el cual algunas de ellas cayeron victimas del execrable Coitus Diabolicus lo cual les permitió describir a los inquisidores con sus propias palabras las características de su formidable antagonista, donde relataron visiblemente traumatizadas que "el visitante del averno que las poseyó esa noche tenia una grande verga, fría como la nieve y negra como la pez, y que realmente era cosa muy rara y digna de verse".

La denuncia provocó la alarma en la ciudad, pues ya que el diablo era incorpóreo, como afirmaba San Agustín, era evidente que Lucifer había desenterrado un cadáver del atrio de la Iglesia Mayor, para así realizar el coitus diabolicus con sus víctimas.
Girolamo Menghi señalaba en su Flagellum Demonum: Exorcismorum Terribiles, que tales cuerpos eran mezclados con barro y ceniza, y Santo Tomás aseguraba en De Trinitate, que más tarde eran dotados de semen que el mismo diablo extraía de los sueños deshonestos de algunos cristianos que pecaban mortalmente con sus pollutio nocturna.
Los inquisidores ordenaron a la población recluirse en sus casas, y publicaron un bando por el que quedaba prohibido soñar hasta que el íncubo fuera destruido.

... que avía cuatro años se avía desengañado por avérsele aparecido visiblemente el demonio en figura de hombre, una noche estando en su celda acostada. Y le avía dicho que se holgasse, pues por medio de los embustes que le avía ayudado a haçer era tenida comúnmente por santa. Y que se diese a los gustos del mundo y no hiciesse penitencia ni se matasse, porque a la hora de la muerte le daría una gran contrición, conque moriría santa y la celebrarían con fiestas y regocijos. Y que diciéndole las dichas cosas y muchos requiebros de "mi alma", "mi vida" y otros, sintió que se le había echado encima y conocido carnalmente, sintiendo que le entraba su miembro en su natura como hombre a muger. Y que aunque al principio la rea se avía turbado, después encendida en un fuego grande de sensualidad le avía admitido y correspondido con otros tantos requiebros como el demonio le decía, y que le avía besado en sus partes y que en aquel deleyte avía tenido effusión de semen...

1 comentario:
Espectacular entrada.
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